El rostro de los jóvenes es un proyecto, un esbozo de lo que seremos después, y lo más sorprendente es 'contemplar el retrato de mi padre cuando tenía veintidós años', nos dice Raymond Carver. No todos tenemos una fotografía parecida de nuestro padre: sosteniendo con una mano una ristra de percas y con la otra una cerveza Carlsbad. El problema está en lo que intuimos, al observar tantos años después cómo era aquel hombre que está ahora delante de nosotros. Nos da la sensación de que quería transmitir seguridad. Pero los ojos le delatan, y la manera de sujetar las percas. La mirada retrospectiva ha de ser compasiva, e incluso hay que estar dispuestos a darle las gracias, a imaginar que la fotografía es un regalo que nos llega de manera imprevista. Estos datos que atesoramos poco a poco de nuestro padre, esa aparición inesperada de un instante detenido en el pasado: como si la fotografía revelara un interrogante que se abre y que no se va a cerrar nunca.
Fotografía de mi padre en su vigésimo segundo cumpleaños
Todos nosotros
Raymond Carver